Memorias de una geisha (o cómo destrozar un buen libro)
Ayer mismo tuve la ocasión de ver, una semana después de haber terminado de leer el libro, Memorias de una geisha, película dirigida por Rob Marshall hace tres años, y que gozó de una gran acogida tanto por público como por crítica. Al tener el privilegio de poder comparar, con conocimiento de causa, el libro y la película, puedo afirmar que, probablemente, esas mismas personas que tan buena crítica realizaban sobre la película no han leído, casi con toda seguridad, el libro en el que esta está basada. Y es que me niego a pensar que a alguien que haya tenido la ocasión de leer esta novela pueda gustarle esta película. Sí, vale, el maquillaje, los decorados, la fotografía y la banda sonora son sublimes, pero eso no cambia el hecho de que la película no se asemeje al libro tanto como debería. A continuación explicaré esto un poco más a fondo.Para empezar, tratar de adaptar en poco más de dos horas una novela de cerca de 650 páginas es, de por sí, un error, por no llamarlo una auténtica locura. Pienso que los escritores, en este caso Arthur Golden, deben saber si su libro puede o no llegar a ser adaptado a la gran pantalla. Y aunque no lo sepan, siempre podrán tener una mínima idea, y por eso pienso que el primer error de Arthur Golden fue permitir que su novela -que, sin llegar a ser una obra maestra, es una buena novela- fuese adaptada al cine. Sí, ganarás mucho más dinero y probablemente hagas que las ventas de tu libro aumenten, pero el precio que hay que pagar es el de la total destrucción de la historia que inicialmente creaste. Una novela tan amplia y con tantos detalles como Memorias de una geisha es imposible llevarla al cine. Completamente imposible. Esto se traduce en un ritmo demasiado acelerado de la película. La historia no parece permanecer en la misma época ni un solo momento, sino que está avanzando constantemente, transformando segundos en meses y minutos en años, lo que lleva al espectador alto grado de confusión y a no tener ni un solo instante para pararse a pensar y a asimilar lo que acaba de ocurrir. Además de este ritmo excesivamente acelerado de la película, que hace saltarse varias partes de verdadera importancia en el libro -como, por ejemplo, los años de la guerra, que en la película se traducen en tan solo dos escenas-, hay ciertos detalles que la película cambia con respecto al libro o que, aun tratando de hacerlos similares, no refleja fielmente lo que el autor nos quería decir en su novela. Algunos de estos detalles pueden ser: la escasa importancia del señor Tanaka en la película; el carácter que Mamita, la Abuela y Hatsumono tienen en la película, completamente alejado del que aparece en la novela (en el libro, el lector llega a odiar a estos personajes hasta límites insospechados, mientras que en la película el espectador tan solo puede llegar a sentir algo de odio por Hatsumono); el aspecto físico del personaje de Nobu de la película está totalmente alejado del personaje del libro, pues en éste se le presenta como alguien con la cara llena de quemaduras, completamente destrozada por la guerra, y con un brazo amputado, cosa que en la película no es así (salvo unas pequeñas cicatrices que se le observan en la parte derecha de la cara); el trato que Mameha y Mamita hacen en la película con respecto al futuro de Sayuri, cosa que influirá en el resto de la historia, se targiversa completamente para su adaptación cinematográfica. Podría pasarme mucho tiempo enumerando casos como estos, pero creo que con lo que ya se ha dicho anteriormente, uno puede hacerse una idea de cómo es posible destrozar un buen libro a la hora de tratar de llevarlo a la gran pantalla.
En los últimos meses se nos han ido estrellas como Anthony Minghella, Charlton Heston o Sydney Pollack, entre muchos otros, y parece que esto no acaba aquí, pues hoy ha fallecido el director italiano Dino Risi. La siguiente noticia ha aparecido hoy en el diario 20 minutos:

